Por Carolina Salinas Alarcón, Doctora en Educación, especialista en Género y directora de InES Género UCN

“El lenguaje no es solo una herramienta de comunicación, sino el espacio mismo donde surge lo humano" - Humberto Maturana.
El proyecto aprobado en la Cámara de Diputados en junio de 2026, busca prohibir “distorsiones gramaticales” y reinstalar el castellano normativo en la administración pública, con argumentos que aluden a la RAE y al uso del genérico masculino en todos los textos oficiales.
Sin embargo, esta discusión va más allá de las modificaciones lingüísticas. Las guías oficiales de lenguaje inclusivo en Chile, como las del Ministerio de las Culturas (2022), el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural (2025) y universidades como la UBO (2026), enfatizan que el objetivo no es inventar palabras, sino visibilizar a todas las personas mediante recursos semánticos.
Dentro de las estrategias semánticas recomendadas se destaca: sustantivos colectivos como, la ciudadanía; términos genéricos, como el profesorado; el desdoblamiento moderado (todos y todas); pronombres neutros (cada persona, quien postule); y evitar símbolos impronunciables (@, x), privilegiando claridad y legibilidad.
En el ámbito científico es importante considerar que históricamente las mujeres, personas trans o no binarias han estado invisibles y el lenguaje puede contribuir a reforzar las barreras estructurales que ya limitan su participación en claustros y proyectos.
Por esta razón el uso del lenguaje neutro o la decisión deliberada de usar estas estrategias recomendadas no es un capricho ideológico, sino una herramienta epistemológica que reconoce la pluralidad de sujetos que producen conocimiento, fortaleciendo la legitimidad institucional y alineando la comunicación con estándares internacionales de equidad y derechos humanos.
El debate sobre el lenguaje inclusivo no debería reducirse a la caricatura de palabras “deformadas”. Lo esencial es comprender que las palabras construyen realidades: nombrar es reconocer, y reconocer es incluir. En ciencia y educación, donde buscamos ampliar horizontes y derribar desigualdades, el lenguaje neutro es un acto de justicia simbólica y práctica. Como señaló una guía institucional: “El lenguaje es una herramienta poderosa para cambiar mentalidades y promover la igualdad”.
En tiempos donde se intenta retroceder, la academia tiene la responsabilidad de mantener la visibilidad de todas las personas en el discurso científico, porque sin ellas, el conocimiento queda incompleto.
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